El objetivo fundamental era nuclear a las figuras más representativas de nuestro folklore Nacional y Popular con el fin de invitar al pueblo de Concepción del Uruguay y la región, a que concurran al evento y devuelvan a sus cantores, decidores y bailarines, en aplausos, todo lo que estos artistas les brindaban durante todo el año en las diferentes fiestas folklóricas de la ciudad.
Para tal fin se eligió como lugar físico para su desarrollo, el "Balneario Itapé" ya que se consideró que era al mismo tiempo una manera de poner en valor ese rincón en un momento en que la atención turística estaba puesta en otra de nuestras hermosas playas: el "Banco Pelay"
Con orgullo debemos decir que, gracias a que la gente entendió el mensaje, el festival, inmediatamente de realizado pasó a ser uno de los de mayor convocatoria de público de la provincia de Entre Ríos, dato aportado por
Año tras año se llevó a cabo el festival en forma ininterrumpida, a pesar de que en ciertos períodos peligró su realización a causa de la crecida del Río Uruguay y por ende del Riacho Itapé.
Las continuas amenazas frente a un hecho que depende solo de la naturaleza nos hizo plantearnos la posibilidad de apostar a otro lugar de encuentro.
La mejor propuesta vino acompañada de un nuevo motivo: Buscar que el lugar de la fiesta del pueblo, tuviera una ubicación equidistante a los distintos puntos de la ciudad… que mejor entonces que “El predio de
Sus padrinos, Linares Cardozo y Martín Arroyo, viejos músicos entrerrianos, continúan desde algún lugar del cielo, velando para que el escenario Isidro Sánchez continúe encendiendo sus luces cada primer fin de semana de enero...
Datos aportados por el canta autor local Omar León, Presidente de
LA PLUMA DEL ÑANDÚ... Galardón que otorga la asociación a los artistas más destacados que han pasado por el Escenario ISIDRO SÁNCHEZ
Esta leyenda mocoví de Formosa y el Chaco argentino narra la persecución del joven indio Nemec para matar a un ñandú y lograr sus fabulosas plumas, que renovarán el tocado del jefe, como símbolo de su poder. Pero Nemec no desea alcanzarlo. Admira a su presa y solamente un milagro evitará la cacería y, a la vez, dará fama imperecedera al joven cazador. Este relato está incluido en el libro Leyendas argentinas, de Editorial Norma.¡Ahí va el joven indio Nemec! ¡Ahí va el ñandú!
Nemec va escondido, el ñandú va a carrera abierta.
Nemec lo persigue, siempre a distancia, una distancia que no puede acortar.
Hace tanto que Nemec persigue al ñandú que ya no desea alcanzarlo.
El cazador admira a su presa.
Admira su rapidez, la gracia para correr, sus fabulosas plumas.
Sus lamentablemente fabulosas plumas… Porque por ellas lo persigue Nemec.
El jefe de la tribu las necesita para renovar su tocado.
Cuanto más bellas plumas de ñandú tenga en el tocado, más demostrará el jefe su poder.
Y con esa misión ha enviado el jefe a Nemec. Conseguir plumas de ñandú para un tocado nuevo
Ahora están la presa y el cazador viviendo el drama. Uno delante del otro, corriendo bajo la noche con más estrellas que haya conocido el mundo en toda su historia.
O por lo menos eso piensa Nemec.
Pero él no puede distraerse contemplando cada estrella, como hace cuando está en la tribu.
En las noches de la tribu, él bautiza las estrellas con nombres inventados.
En el cielo de la tribu, él puede unir una estrella con otra y descubrir qué animal se dibuja con ellas como vértices.
En la hora de sueño de la tribu, él puede bostezar bajo las estrellas y abrir grande la boca como para tragarse alguna, haciendo reír a su hermano más chico.
Pero ahora la tribu está lejos, los que están cercanos son sus recuerdos.
Lejanas y cercanas estrellas. Lejana y cercana tribu. Lejano y cercano ñandú que corre delante de Nemec, bajo el cielo de estrellas.
Nemec piensa que nunca va a alcanzar a ese ñandú, por lo tanto nunca va a regresar a su tribu.
Él tiene la fama de cazador y su orgullo. No puede regresar con las manos vacías.
Esa noche estrellada va a durar para siempre —piensa Nemec—. Con el ñandú y él corriendo como parte del paisaje.
Nemec siente un gran agotamiento, corre más lento y se asombra de que la distancia entre él y su presa no se haga más ancha.
En verdad, la distancia entre ambos se está acortando.
Nemec comprende que llegó el final. El ñandú también está cansado.
El joven indio prepara su arma sin convencerse de que, en unos instantes, esa carrera que duró un tiempo sin tiempo, concluya cruelmente.
Pero el ñandú hace su último gesto de maravilla. Levanta vuelo.
El milagro persiste. Aunque no es su naturaleza surcar las alturas, el ñandú asciende, con facilidad, hacia lo más alto, se remonta hasta el firmamento, y se mezcla con las estrellas.
Nemec sigue corriendo y alza sus brazos como para elevarse también.
Nada sucede.
Excepto que en el cielo hay una constelación nueva.
Nemec no sabe que cuando regrese a su tribu, su fama resplandecerá. Ni siquiera lo imagina mientras marcha derrotado pero a la vez con alivio
En la tribu dirán que el único modo en que una presa pueda escaparse de semejante cazador es desaparecer en el cielo, porque en la tierra, Nemec no da tregua a nadie.
Y gracias a él, contarán sus nietos y los nietos de sus nietos, ahora existe la Cruz del Sur.
La Cruz del Sur es ese ñandú inalcanzable que perseguimos todos lo que vivimos bajo su luz.
Una luz tan lejana como las estrellas y tan cercana como el cielo de nuestra casa.
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